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El criticon: Baltasar Gracian y Morales

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Es Europa vistosa cara del mundo, grave en España, linda en Inglaterra, gallarda en Francia, discreta en Italia, fresca en Alemania, riçada en Suecia, apacible en Polonia, adamada en Grecia y ceñuda en Moscovia. Esto les dezía a nuestros dos fugitivos, peregrinos un otro en lo raro, que le habían ganado cuando perdido él a su Adevino.

-Tenéis buen gusto -les dezía-, nacido de un buen capricho, en andaros viendo mundo, y más en sus cortes, que son escuelas de toda discreta gentileza. Seréis hombres tratando con los que lo son, que esso es propiamente ver mundo. Porque advertid que va grande diferencia del ver al mirar, que quien no entiende no atiende: poco importa ver mucho con los ojos si con el entendimiento nada, ni vale el ver sin el notar. Discurrió bien quien dixo que el mejor libro del mundo era el mismo mundo, cerrado cuando más abierto; pieles estendidas, esto es, pergaminos escritos llamó el mayor de los sabios a essos cielos, iluminados de luzes en vez de rasgos y de estrellas por letras. Fáciles son de entender essos brillantes caracteres, por más que algunos los llamen díficultosos enigmas. La dificultad la hallo yo en leer y entender lo que está de las tejas abaxo, porque como todo ande en cifra y los humanos coraçones estén tan sellados y inescrutables, assegúroos que el mejor letor se pierde. Y otra cosa, que si no lleváis bien estudiada y bien sabida la contracifra de todo, os habéis de hallar perdidos, sin acertar a leer palabra ni conocer letra, ni un rasgo ni un tilde.

-¿Cómo es esso -replicó Andrenio-, que el mundo todo está cífrado?

-Pues ¿agora recuerdas con esso? Agora te desayunas de una tan importante verdad, después de haberle andado todo? ¡Qué buen concepto habrás hecho de las cosas!

-¿De modo que todas están en cifra?

-Dígote que sí, sin exceptuar un ápice. Y para que lo entiendas, ¿quién piensas tú que era aquel primer hijo de la Verdad de quien todos huían, y vosotros de los primeros? -¿Quién había de ser -respondió Andrenio- sino un monstruo tan fiero, un trasgo tan aborrecible, que aún me dura el espanto de haberle visto?

-Pues hágote saber que era el Odio, el primogénito de la Verdad: ella le engendra, cuando los otros le conciben, y ella le pare con dolor ageno.

-Aguarda -dixo Critilo-, y aquel otro hijo también de la Verdad tan celebrado de lindo, que no tuvimos suerte de verle ni tratarle, ¿quién era?

-Ésse es el postrero, el que llega tarde. A ésse os quiero yo llevar agora para que le conozcáis y gozéis de su buen trato, discreción y respeto.

-¡Pero que no tuviéssemos suerte de ver la Verdad -se lamentaba Andrenio- ni aun esta vez, estando tan cerca, especialmente en su elemento, que dizen es muy hermosa, no me puedo consolar!

- Cómo que no la viste? -replicó el Descifrador, que assí díxo se llamaba-. Ésse es el engaño de muchos, que nunca conocen la verdad en sí mismos, sino en los otros; y assí verás que alcanzan lo que le está mal al vezino, al amigo, lo que debieran hazer, y lo dizen y lo hablan; y para sí mismos, ni saben ni entienden. En llegando a sus cosas, desatinan; de modo que en las cosas agenas son unos linces y en las suyas unos topos: saben cómo vive la hija del otro y en qué passos anda la muger del vezino, y de la suya propia están muy agenos. Pero ¿no viste alguna de tantas bellíssimas hembras que por allí discurrían?

-Sí, muchas, y bien lindas.

-Pues todas éssas eran Verdades, cuanto más ancianas más hermosas, que el tiempo, que todo lo desluce, a la Verdad la embelleze.

-Sin duda -añadió Critilo- que aquella coronada de álamo, como reina de los tiempos, con hojas blancas de los días y negras de las noches, era la Verdad.

-La misma.

-Yo la besé -dixo Andrenio- la una de sus blancas manos y la sentí tan amarga que aun me dura el sinsabor. -Pues yo -dixo Critilo- la besé la otra al mismo tiempo y la hallé de azúcar. Más que linda estaba y muy de día; todos los treinta y t[r]es treses de hermosura se los conté uno por uno: ella era blanca en tres cosass, colorada en otras tres, crecida en tres, y assí de los demás. Pero, entre todas estas perfecciones, excedía la de la pequeña y dulce boca, brollador de ámbar.

-Pues a mí -replicó Andrenio- me pareció toda al contrario, y aunque pocas cosas me suelen desagradar, ésta por estremo.

-Paréceme -dixo el Descifrador- que vivís ambos muy opuestos en genio: lo que al uno le agrada, al otro le descontenta.

-A mí -dixo Critilo-, pocas cosas me satisfacen del todo.

-Pues a mí -dixo Andrenio-, pocas dexan de contentarme, porque en todas hallo yo mucho bueno y procuro gozar dellas tales cuales son, mientras no se topan otras mejores. Y éste es mi vivir, al uso de los acomodados.

-Y aun necios -replicó Critilo.

Interpúsose el Descifrador:

-Ya os dixe que todo cuanto hay en el mundo passa en cifra : el bueno, el malo, el ignorante y el sabio. El amigo le toparéis en cifra, y aun el pariente y el hermano, hasta los padres y hijos, que las mugeres y los maridos es cosa cierta, cuanto más los suegros y cuñados: el dote fiado y la suegra de contado. Las más de las cosas no son las que se leen; ya no hay entender pan por pan, sino por tierra, ni vino por vino, sino por agua, que hasta los elementos estan cifrados en los elementos: ¡ qué serán los hombres!. Donde pensaréis que hay sustancia, todo es circunstancia, y lo que parece más sólido es más hueco, y toda cosa hueca, vacía. Solas las mugeres parecen lo que son, y son lo que parecen.

-¿Cómo puede ser esso -replicó Andrenío-, si todas ellas, de pies a cabeça, no son otro que una mentirosa lisonja?

-Yo te lo diré: porque las más parecen malas, y realmente que lo son. De modo que es menester ser uno muy buen letor para no leerlo todo al revés, llevando muy manual la contracifra para ver si el que os haze mucha cortesía quiere engañaros, si el que besa la mano querría morderla, si el que gasta mejor presa os haze la copla, si el que promete mucho cumplirá nada, si el que ofrece ayudar tira a descuidar para salir él con la pretensión. La lástima es que hay malíssimos Actores que entienden C por B y fuera mejor D por C. No están al cabo de las cifras ni las entienden, no han estudiado la materia de intenciones, que es la más dificultosa de cuantas hay. Yo os confiesso ingenuamente que anduve muchos años tan a ciegas como vosotros, hasta que tuve suerte de topar con este nuevo arte de descifrar, que llaman de discurrir los entendidos.

-Pues, dime -preguntó Andrenio-, estos que vamos encontrando ¿no son hombres en todo el mundo?, y aquellas otras ¿no son bestias?

-¡Qué bien lo entiendes! -le respondió en pocas palabras y mucha risa-. ¡Eh!, que no lees cosa a derechas. Advierte que los más que parecen hombres, no lo son, sino dipthongos.

-¿Qué cosa es dipthongo?

-Una rara mezcla. Dipthongo es un hombre con voz de muger y una muger que habla como hombre; dipthongo es un marido con melindres y la muger con carçones; dipthongo es un niño de sesenta años y uno sin camisa crugíendo seda; dipthongo es un francés inserto en español, que es la peor mezcla de cuantas hay; dipthongo hay de amo y moço.

-¿Cómo puede ser esso?

-Bien mal, un señor en servicio de su mismo criado. Hasta de ángel y de demonio le hay, serafín en la cara y duende en el alma. Dipthongo hay de sol y de luna en la variedad y belleza; dipthongo toparéis de sí y de no, y dipthongo es un mongil forrado de verde. Los más son dipthongos en el mundo, unos compuestos de fieras y hombres, otros de hombres y bestias; cuál de político y raposo y cuál de lobo y avaro; de hombre y gallina muchos bravos, de hipogrifos muchas tías y de lobas las sobrinas, de micos y de hombres los pequeños y los agigantados de la gran bestia. Hallaréis los más vacíos de sustancia y rebutidos de impertinencia, que conversar con un necio no es otro que estar toda una tarde sacando pajas de una albarda. Los indoctos afectados son buñuelos sin miel, y los podridos, bizcochos de galera. Aquél tan tiesso cuan enfadoso es dipthongo de hombre y estatua, y déstos toparéis muchos; aquél otro que os parece un Hércules con clava no es sino con rueca, que son muchos los dípthongos afeminados. Los peores son los caricompuestos de virtud y de vicio, que abrasan el mundo (pues no has, mayor enemigo de la verdad que la verisimilitud), assí cómo los de hipócrita malicia. Veréis hombres comunes injertos en particulares y mecánicos en nobles. Aunque veáis algunos con vellocino de oro advertid que son borregos, y que los Cornelios son ya Tácitos, y los Lucios, Apuyuelos. Pero ¿qué mucho?, si aun en las mismas frutas hay dipthongos, que compraréis peras y comeréis mançanas, y compraréis mançanas y os dirán que son peras. ¿Qué os diré de las paréntesis aquellas que ni hazen ni deshazen en la oración, hombres que ni atan ni desatan?: no sirven sino de embaraçar el mundo. Hazen algunos número de cuarto conde y quinto duque en sus ilustres casas, añadiendo cantidad, no calidad, que hay paréntesis del valor y digressíones de la fama. ¡Oh, cuántos déstos no vínieron a propósito ni a tiempo!

-De verdad -dixo Critilo- que me va contentando este arte de descifrar, y aun digo que no se puede dar un passo sin él.

-¿Cuántas cifras habrá en el mundo? -preguntó Andrenio.

-Infinitas, y muy dificultosas de conocer, mas yo prometo declararos algunas, digo las corrientes, que todas sería impossible. La más universal entre ellas y que ahorca medio mundo es el etc.

-Ya la he oído usar algunas vezes -dixo Andrenio-, pero nunca había reparado como agora ni me daba por entendído.

-¡Oh, que dize mucho y se explica poco! ¿No habéis visto estar hablando dos y passar otro?: «-¿Quién es aquél? -¿Quíén? Fulano. -No lo entiendo. -¡Oh, válgame Dios!, dize el otro, aquel que etc. -¡Oh, sí, sí, ya lo entiendo!» Pues esso es el etc. «-Y aquella otra ¿quién es? -¿Qué, no la conocéis? Aquélla es la que etc. -Sí, sí, ya doy en la cuenta.» «Aquél es cuya hermana... etc.» «No digáis más, que ya estoy al cabo.» Pues eso es el etc.

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