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CUENTO: El calor de diciembre: Maru Buelna

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CUENTO: EL CALOR DE DICIEMBRE: MARU BUELNA

 

 

Ardía mi piel, era el mes de diciembre y hacia un intenso calor... no podía explicarme lo que estaba pasando, solo sabia que desde ese momento tendría que callar un secreto. Tu alma callada y temerosa, caminaba lenta... como si tuviera temor de hacer lo que tanto había anhelado: construir sus sueños. Detuviste la vista ante mis ojos castaños y observaste que detrás de ese pequeño foco que resplandecía ante mi cara: había un misterio.

Camine hacia ti segura, humedecí mis labios, y te bese sin fuerza; ya estábamos un poco mas unidos, queriendo crecer...

Vaya manera de rozarte, en un instante se confundió tu piel con la mía; y de un momento a otro apareció una lagrima junto con mi sonrisa frágil.

Mis manos temblaban al igual que cada poro de mi cuerpo; estaba inerte... a mi lado estaba esa sombra que se parecía a la mía; gritaba fuerte, pero sin lamento, jugaba no sé con cuantas silabas vacías que conjugaban un verso.

La neblina se iba haciendo espaciosa; en un instante se cubrió mi habitación de besos desorbitados, encerrándome en el idilio.

No se escuchaban risas, ni conversaciones. Caminaban como fantasmas adhiriéndose en las paredes, esos gritos y gemidos... me creía en el cielo, ya estaba ansiosa por subir hacia las montañas e irlas escalando como descubriendo un tesoro.

Ese día, nadie lo vio entrar... y ahí estaba, esperando el momento exacto para atacar y poseer lo más sagrado que hacia dentro de la habitación. Supo cual era el momento oportuno pesar de su inexperiencia, eso motivo a que mi alma inexperta siguiera sus pasos, sin temer a que se pudiera caer de esa estrella que en esos instantes me detenía.

El silencio era profundo; solamente se escuchaban los latidos de dos corazones inconscientes y una melodía suave a lo lejano...

Parecíamos dos extraños en busca de los desconocido; nos habíamos convertido en los excavadores del amor, de lo más prohibido. Y aun así, estábamos felices.

La luz de esa lámpara fina, iba haciéndose más oscura; ya que el tiempo iba siguiendo su curso. No nos importaba que alguien llegara,  a pesar de todo, yo no te había dejado entrar: tu apareciste solo, y yo te seguí...

Navegaste dentro de mi mar, y aunque yo no sabia nadar, te acompañe... en un instante ya había pescado no sé cuantos pececillos color gris.

Germinaste en cada célula de mi piel blanca, hablando al oído algo que no concordaba. No me parecían oportunas tus palabras, porque aunque tu no viniste precisamente a estar conmigo, ya estabas... no podías terminar tan fácilmente con este sueño que ahora nos ataba.

Mas sin embargo, tu tenias miedo; tu cara asustada y tus ojos atemorizados me decían que algo estabas ocultando: algo muy serio que te hacia volver a la realidad cuando mas contento estabas.

Pero al verme a los ojos, sentías compasión ante nuestra vivencia, después de todo los dos estábamos igual: huyendo de algo que no nos dejaba vivir. Por eso volvías a llevar esa media luna a mis labios, y con mis manos suaves tocaba tu espalda y tu pecho color canela.

Volteaba a verte, eras como un ángel... tu voz suave, tus brazos musculosos, tu cabello negro y tu nariz respingada; eran la combinación perfecta para hacer de tu rostro, una cara de niño.

Todo estaba perfecto, este espacio era bello... había dos flores en aquel vaso de cristal, me hacías tomarlas con suavidad. Tu acariciabas mi cabello lacio mientras llevabas a tu boca esas partes intimas.

Ahora estábamos sentados en esa nube, tomados de la mano y abrazándonos con fuerza; teníamos miedo...

Un ruido estruendoso de pronto nos sobresalto, alguien tocaba a la puerta en forma violenta; podíamos percibir claramente que afuera se encontraban ellos, esos hombres uniformados que venían por ti.

La sirena sonaba fuertemente y estos gritaban: ¿hay alguien ahí?. Estamos persiguiendo a un ladrón que esta merodeando la zona, puede estar en peligro, por favor, conteste.

No contestaba, ese ladrón, me había robado muchas cosas, pero no pensaba denunciarlo, después de todo: nadie iba a devolvérmelas.

De pronto, abrieron la puerta... lo vieron junto a mi desnudo y pensaron que se trataba de un caso de violación. Lo tomaron con fuerza y lo apartaron de mí. Con palabras agrias me dijeron que podía atestiguar en su contra para salvar mi honor.

 

Así lo hice, ¿quién podría enfrentarse ante la sociedad?.

 

Hoy ya han pasado dos meses, dentro de mi cada día crece ese botón de flor que un día con mis manos tome.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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