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Mi cuento de Navidad por Maru Buelna

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UNA REFLEXIÓN INTERNA EN NAVIDAD

POR MARU BUELNA

¿Cuántos años han pasado?, ¡cuántas emociones han invadido mi vida!. He cambiado mucho y no solo en lo físico.

Siento que estoy volviendo a ser lo que era y lo que tuve que haber sido siempre. Pero… no es momento de reproches, es la ocasión para aprender de mis errores. Así es, tengo que crecer, purificar mi alma, retomar mi vida.

Es diciembre, las mañanas y las noches son demasiado frías. La gente anda por la calle haciendo sus comprar para decorar sus casas. Yo ya decoré la mía.

No se porque en esta ocasión me emocione tanto y recordé mi pasado, esos años en que la Navidad no existía.

Era 1992  a mediodía, mi padre terminaba de esconder los regalos de Navidad. Por la noche nos arreglamos para ir a la misa de gallo, en esa ocasión mi hermana no fue. Mi padre se levantó a confesarse y después a comulgar. Yo no recuerdo si lo hice, fue hace tanto tiempo.

Al llegar a casa mi padre le reclamó a mi hermana porque no fue a la celebración y discutieron, luego ella se fue a la cocina para ayudarle a mi mamá con la cena mientras yo ponía los manteles y platos para la cena. Como no se estar sin escuchar música, puse villancicos mientras mi padre platicaba con mi madre desde lejos.

Luego el dijo: _¿tienen algo que reclamarme?, yo lo vi desconcertada por la pregunta y mi hermana junto con mi madre lo ignoraron mientras seguían platicando sobre la telenovela de moda. El se agacho mirando su copa que esos momentos se encontraba llena y exclamó: _¿No se han preguntado porque a veces tomo?. Hubo un silencio; pero le expresé de inmediato que no había nada que reclamar, que todo estaba bien.

Y era verdad, mi padre era “el mejor padre del mundo”. Siempre me escuchaba, me apoyaba, estaba cuando lo necesitaba, era muy generoso con la gente.

Después de la cena jugamos a un juego de mesa mientras escuchábamos un casete de la “Maldita Vecindad” ( en ese tiempo no existían los discos compactos) que me regalo mi hermana en esa ocasión. A mi papá le gustó una canción que decía: José trabaja, en una esquina, limpiando parabrisas, corriendo entre autos nuevos…

De pronto tocaron el timbre. Eran nuestros amigos que se iban a juntar en la casa de enfrente. Mi hermana rápido se levantó y yo me quedé viendo a mi padre, no deseaba irme, estaba contenta con lo que estábamos haciendo.

El me dijo que fuera, levanté el juego y nos retiramos. La verdad no fue divertido para mi el estar ahí, estaba disfrutando de un bonito momento en mi casa. Aún así nos quedamos hasta las 6 de la mañana.

Cuando llegamos, mi mamá fue al mercado; tenía que hacer cena porque celebrarían su aniversario de bodas. Agarre mi grabadora y un casete de Gloria Trevi ya que me iba a bañar. Duré como una hora en el baño... sí, me ponía a cantar y a bailar.

Al salir del baño me dirigí a mi recámara, poco tiempo después llegó mi madre y nos preguntó: _¿No se ha despertado tu papá?. El siempre se levantaba temprano y le resultó extraño que aún estuviera dormido. Fue a su recámara y grito: _Tu padre no se mueve, esta muy frío.

Abrí mis ojos sorpresivamente y solo dije: _No Dios, no, que no sea lo que estoy pensando. Recordé que en una ocasión cuando estaba dormida soñé que alguien me tocaba y esa sensación me daba escalofríos. Me advertían que faltaba un año recalcando dos veces: un año. Yo pensaba que algo malo iba a pasar pero en el transcurso de ese tiempo todo estaba de maravilla y el año casi terminaba, pero… no terminaba.

El 21 de diciembre aproximadamente había escrito un pensamiento que se llamaba “Mis últimas palabras”, pensando que me iba a morir en el transcurso de ese tiempo. Desafortunadamente era mi padre.

Llamaron a mi primo Orlando que es doctor, este llegó inmediatamente… mi padre había muerto de un infarto.

 

En esa etapa de mi vida mi padre era mi única compañía, no me entendía con mi madre porque siempre andaba con mi hermana y me sentía siempre ignorada y muy sola. Al regresar del entierro me senté en el sillón de la sala mientras contemplaba el árbol que mi padre había puesto con tanta emoción. Lloraba de impotencia, de rabia. Dios se llevó a mi papá cuando más lo necesitaba. ¿Qué iba a hacer sola?.

Mi mamá de inmediato empezó a quitar todos los adornos navideños y me molesté mucho con ella. ¡los había puesto mi padre!. Expresé que me dejaran sola, que mi única compañía se había ido y me encerré en mi recámara por mucho tiempo.

A los pocos meses mi hermana se casó y el acercamiento entre mi madre y yo se dio, pero fue por poco tiempo ya que me fui a estudiar fuera de la ciudad.

Y fue ahí cuando ambas nos valoramos, ella se sentía tan sola en la casa y yo me sentía mal por dejarla sola. Así que cada fin de semana estaba con ella.

Cada vez que llegaba la Navidad mi madre hacía cena porque mi hermana venía a visitarnos, pero no había arreglos, ni árbol y yo… no paraba de llorar.

Dejé de ir a misa, tenia coraje porque necesitaba a mi padre. Sí, me enojé con Dios.

EL NACIMIENTO DE MI HIJO

Pasaron cuatro años y nació mi primer hijo. Eso me motivó a volver a decorar la casa con adornos navideños, se divertía viendo las luces del árbol y yo, comprándole los juguetes que más le gustaran y ver su carita cuando los abría. Ya no había lágrimas y mi madre y yo siempre estábamos juntas.

Claro que las cosas no fueron tan fáciles, ahora tenía que estudiar mientras cuidaba a mi hijo. Muchos compañeros de escuela pensaban que iba a desertar porque para mi era muy difícil. No tenía a mi familia conmigo para que me apoyara porque estaba en otra ciudad, tenía que llevar mi mochila junto con las cosas del bebé mientras caminaba varias cuadras para tomar el camión que me dejaría en el plantel, después caminaba otro tanto para llegar al salón.

Recuerdo que Mario estaba en su porta bebé enseguida de mi mesa banco y se portaba muy bien. En los cambios de clase le daba su biberón o lo cambiaba de pañal. El departamento que rentamos mi esposo y yo era muy caliente en verano y muy helado en invierno, debido a esto mi niño a los meses de nacido se enfermó gravemente de neumonía. Estuvo entre la vida y la muerte pero gracias a Dios, se salvó.

Mi madre se hizo cargo de él mientras terminábamos la escuela. Nosotros íbamos a visitarlos cada fin de semana, Mario se convirtió en su vida y también en la mía.

Terminé satisfactoriamente mis estudios gracias a mi terquedad. Cuando me entregaron mis papeles todos mis compañeros se levantaron a aplaudirme y sentí mucha emoción, todo sacrificio valió la pena.

A TRABAJAR

¿Qué si conseguí de inmediato trabajo?, tuve un golpe mayúsculo de suerte porque entre a trabajar donde quería y por muchos años hice lo que quise, mis proyectos siempre resultaron exitosos y hasta tuve fama.

Siempre que me aceptaban un proyecto daba gracias a Dios, sabía que el me ayudaba y que estaba conmigo en todos mis logros. Ayudé a mucha gente; el trabajo de conductora de radio me lo permitía. Fui consejera, visité a personas que me lo solicitaban, apoyaba a casas hogar… mi trabajo era fascinante.

Acoplaba mis horarios en la radio para poder dedicarme a la docencia, actividad que también me apasiona. Fui mas que maestra, pude ser amiga y a veces cómplice de mis alumnos. Los vi llorar, reír y ellos también a mi.

El trabajar era emociones nuevas en mi vida y la satisfacción que me generaba es indescriptible.

OTRO DURO GOLPE

Al parecer la vida no puede ser una cúspide de alegrías… Amaba a mi esposo pero era mujeriego, no veía nuestra familia con seriedad, quería seguir haciendo su vida estando libre y así lo dejé siguiendo el clásico dicho: “Si amas a alguien déjalo libre”. Y con todo el dolor de mi alma decidí estar sin él.

Tuvo varias novias, me tocó ver a algunas de ellas. Eso me partía el alma. Aún así seguíamos siendo amigos, solamente amigos.

Como iba a ser el día del niño preparé un programa especial para transmitir en vivo desde la escuela de mi hijo y así poder estar con él.

En la mañana me tocó impartir clases muy temprano, después me fui al lugar de la transmisión. Todo salió perfecto. Por la tarde fue mi ex por nuestro hijo para llevarlo a pasear, quería que fuera con ellos pero me sentía demasiado cansada. Él me vio con una mirada con la que pretendía decir algo, pero no lo dijo, se dirigió a su carro y regresó para verme. No dijo nada, agacho su rostro y se subió al carro junto con el pequeño.

Llegaron a las once de la noche. Mi mamá y una tía se encontraban platicando afuera. Estaba acostada muerta de cansancio sobre la colcha aún sin des tender, quería salir pero el cansancio me lo impedía, así que solo escuchaba su voz como un murmullo en mi oído, como una eterna enamorada.

A la mañana siguiente sonó el teléfono, era temprano y sentí una angustia. Mi madre contestó y su tono de voz era demasiado extraño así que,  rápido me levanté para ver que pasaba. Me paso el teléfono y cuando me dieron la noticia empecé a gritar como loca, era algo que no quería que pasara nunca. Mi gran amor había muerto en un accidente automovilístico.

 

En esa ocasión también recibí un aviso, presentía que algo le pasaría y le preguntaba que si algo malo le estaba pasando. El contestaba que no, que todo estaba bien. Me veía indecisa para ir a su funeral porque no quería ver a las “múltiples mujeres” con las que anduvo y en mis sueños no iba. Pero… la realidad fue otra y me tuve que topar con ellas.

 

Fueron meses enteros en que no conciliaba el sueño, me hacía muchas preguntas tratando de encontrarles una respuesta, no dejaba de llorar, quería verlo, quería que se me apareciera y me dijera algo… no salía a la calle porque todo me recordaba a él. Tenía tanto miedo… a pesar de ser solamente amigos, íbamos a todos lados juntos porque ya había pasado el tiempo del odio, del análisis de la relación, de reconocer mis errores, de perdonar y: de volver a amar. Pero no solamente a mí me sucedió esto, él también tuvo el momento de rectificar y pedir perdón.

Una dura prueba que superó el volver a creer en el amor, el sentir de nuevo una caricia, una mirada, el volver a escuchar un: te amo. Y aunque el sentimiento no era el mismo ni mas fuerte; acepté el volverme a enamorar.

 

REGRESANDO AL PRESENTE

¡Vaya que no me alcanzan las horas del día!, entre los ensayos de la escuela de Sebastián, el coro de la Iglesia donde cantará Mariana en la Misa de Gallo, las tareas y los quehaceres del hogar… todo me tiene loca.

Ya apartamos los regalos de los niños, desafortunadamente el juguete que quería Sebastián se terminó. Eso pasa por esperarse a última hora, los que anuncian por televisión son los que mayor demanda tienen y eso influyo para que lo quisiera. Bueno, pero se reemplazará por otro que también le gusta.

 

Estoy emocionada porque Mario regresará al Distrito Federal a pasar las fiestas con nosotros, cuento los días para verlo. No se como llegará, si seguirá arisco con nosotros. Mi pequeño no esta de acuerdo con su regreso porque dice que le pega mucho, Mariana está nerviosa pero con un dinero que le regalaron por su cumpleaños y que no se ha gastado, quiere comprarlo algo a su hermano. Lástima que él no lo valorará…

 

Como el jueves es el festival de los niños, iré hasta el viernes comprar la piñata para la posada de la Iglesia y unos juguetes para regalarles a los niños. Dice Mariana que siempre busco como hacer las cosas divertidas;  bueno, me gusta que los momentos sean alegres.

 

PENSANDO EN MAMÁ

Hoy me preguntaron si me gustaba vivir en la capital. Es la segunda ocasión en que vivo en esta ciudad. La primera vez que me vine fue muy angustiante y mas porque dejaba sola a mi madre. Desafortunadamente ella ya no está presente, hace poco falleció de cáncer.

Esa enfermedad no se la deseo a nadie; va acabando con las personas de una manera muy cruel. Después de haber sido mi madre ¡tan fuerte!... se transformó en un bebé necesitado de cuidados.

No voy a recordar todo lo que pasó, solo la ocasión en que nos dijimos lo mucho que nos queríamos, lo importante que era la una para la otra y ese momento en que nos dijimos adiós. Tuve que dejarla ir, soltarla de mis manos aunque me muriera sin ella y mi madre: voló…

Dice la catequista que Dios no manda más de lo que uno puede soportar. ¿Seré tan fuerte para aguantar estos duros duelos que me han tocado?, ¿Qué quiere Dios para mi en esta vida?, ¿Cuáles son las enseñanzas que pretende darme con estos duros golpes?.

Sí, mi realidad es está: sin ese amor por el que me desvivía, sin la compañía de mis padres.

Ahora estoy sentada en el sillón tratando de ver la televisión y no puedo. Mariana y Sebastián se pelean para ver quien se sienta en mis piernas, ella me abraza, el me besa y Mario no tarda en llegar.

Unos van, otros vienen… hay llantos, pero también hay alegría. Hay desesperanza pero hay a la vez un toque de esperanza en la vida de cada uno.

Navidad… ¡Bienvenida!. Te recibiré con los brazos abiertos para acoger entre mi calor al niño Dios que está por nacer. Y junto con él aquí estoy, esperando una vida nueva lejos de los rencores porque deseo ser feliz.

 

 

 

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