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La desgracia del pueblo

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LA DESGRACIA DEL PUEBLO

Autor: Maru Buelna

 

Ahí estaba Doña Engracia, tomándose su café y comiendo su virote esa mañana, mientras Don Justino se arreglaba para irse a las tierras, se ponía su cinto piteado, sus botas de avestruz ya gastadas por el uso, y su camisa a cuadros de tela de algodón, por los intensos calorones que hacían en julio. A pesar de que era época de lluvias, la mayoría de las veces solo esta chispeando o hay una gran polvareda, aun así Don Justino no olvida llevarse jamás un impermeable por si le agarraba fuerte por aquellos rumbos alguna tormenta tropical.

 

 Antes de irse se comía sus huevos rancheros con harta salsa y un café recién hechecito.

 

Después se iba caminando por aquellos terrenales, saludando a la gente del pueblo con el clásico: buenos días, mientras se quitaba su sombrero raido.

 

En la escuela ya se encontraban Juventino y Clemente, iban recién bañaditos pero siempre regresaban con sus caras chorreadas y llenos de tierra. Y es que les encantaba jugar a las canicas con sus amigos; aunque al segundo le gustaban mas las catotas. Pero ese día en especial, no se dieron cuenta que cerca de donde estaban había un hormiguero lleno de mochomos y los picotearon a todos.

Corrieron llorando desesperadamente al salón de clases para decirle a la maestra que no aguantaban el dolor. Su piel ya estaba llena de ronchas por eso ella los curo con cuidado con una pomada especial para esos piquetes.

 

Cuando regresaron a su casa, Doña Engracia los noto algo extraños pero ellos no dijeron nada, hasta que ella les vio las picadas y se quiso morir. Los mando a bañarse porque estaban muy sucios, los curo de nuevo para después darles de comer.

 

Don Justino no iba a mediodía. Siempre se llevaba su merienda en una bolsa de plástico y comía en los sembradíos. Si iba a su casa perdía mucho tiempo en el camino por eso su esposa siempre preparaba temprano la comida para que este no se fuera sin el sagrado alimento.

 

Comieron un delicioso caldo de gallina pinta, (un platillo muy característico de Sonora), con unas tortillas hechecitas a mano y una limonada para que se hidrataran porque el calor estaba a mas de 45 grados. Luego los mando a hacer la tarea para que después pudieran salir a jugar.

 

Juventino  el hijo mayor de la familia Pérez era medio busca pleitos, por eso muchos no lo soportaban. Siempre salía en la tarde con su tira bichis y les pegaba a los más pequeños. Pero su juego termino cuando llego de Tijuana, Don Mateo con su familia.

 

Ellos habían vivido por muchos años en Pueblo Viejo, después se fueron porque le ofrecieron un trabajo al señor en donde ganaría un buen baro. Y hoy regreso porque lo tenían involucrado en unos asuntos de narcotráfico. Tenia que esconderse por un tiempo para huir de la justicia.

            El hombre era de armas tomar al igual que sus hijos: Teodoro y Anselmo. Llegaron al pueblo acaparando el lugar con sus lujos. En primer lugar traían un trocón de aquellos... color negro y vidrios polarizados con rines de lujo. Los morros llevaban cadenas de oro, con unas medallas como de 5 centímetros de ancho. Vestían levis, camisas finas y botas de las mas caras. Muchos niños los envidiaban y otros les tenían miedo porque pensaban que eran mafiosos.

 

Cuando Don Justino se entero que había llegado Mateo Acosta, prohibió a su esposa platicar con Doña Amalia y que sus hijos convivieran con los suyos, no dio mas explicaciones y Doña Engracia se quedo con la incertidumbre de saber que era lo que pasaba.

 

En el pueblo era muy común que los niños pequeños anduvieran afuera de sus casas sin ropa, pero a la esposa de Don Justino no le gustaba verlos así, cuando veía a los hijos de su vecina les decía: _Anda chamaco, ya andas de nuevo bichicori, vete a cambiar.

 

Teodoro y Anselmo caminaban por las calles del pueblo con sus aires de grandeza, miraban a todos con aires de superioridad. Al acercarse a la tienda de Doña Rosa, escucharon que una señora le decía a su hijo: Anda ve anque la Lupe para que me mande unos limones. Ambos se rieron a carcajadas. Le dice Anselmo a su hermano: _¿Escuchaste? A lo que el otro le responde: _simón, que loco. La señora sabia que se burlaban de ella y solo agacho su cabeza como señal de vergüenza.

 

Por supuesto que ellos no iban a la escuela del pueblo, su padre les había contratado un maestro particular que también vivía con ellos. Este les daba clases y luego mandaba sus evaluaciones a la SEP para que les hicieran validos sus estudios.

 

Apa voy anque la tienda de la Rosa, expreso Clemente. Voy a ver si se puso "El güero" para comprarme un dogo. A lo que su padre expuso: _Esta bien, pero cuidado si te topas con los hijos de Mateo, dicen que son perversos, no te vayan a hacer algo. _Esta bien, papá, no te preocupes, no les haré caso si me los encuentro por ahí.

 

Se subió a su baica y en el camino se topo con los plebes. Estaban afuera de su casa tomando cerveza. Quiso pasar desapercibido pero uno de ellos le grito: _Hey tu, ¿quieres una cheve?. _No gracias, contesto, quiso seguir su camino pero uno de ellos lo detuvo. _Ah, no. Lo tomo de la camisa y le dijo: _A mi nadie me desprecia. Entonces el otro hermano lo sujeto de los cachetes para abrirle la boca y darle la cerveza a fuerza. Después lo tiran al suelo y le avientan tierra con sus botas.

 

Clemente como puede se levanta, agarra su baica (bicicleta) y se va angustiado a su casa porque su padre no lo recibirá de muy buena gana. Cuando llega intenta meterse rápidamente a su cuarto pero su padre lo detiene en el camino. _¿Estaba el güero?. El niño de 11 años mueve la cabeza de un lado a otro. _¿Por qué no me contestas cabron?. Sabes que me molesta que solo muevan la cabeza y no hablen. Entonces el niño asustado le responde que no.

El padre rápidamente percibió el aroma a cerveza y se enfureció. Golpeo a su hijo con toda su fuerza hasta tirarlo al suelo. _Como que andas tomando, ¿para eso fuiste a la tienda? ¿creíste que me ibas a engañar?. Hijo de tu chingada.

 

Doña Engracia estaba espantada, jamás había visto a su esposo reaccionar de esa manera. _Cálmate, ¿qué pasa?. Deja a Clemente, tranquilízate.

 

_Como me voy a tranquilizar, si este mocoso anda tomando a su edad. Mientras yo me friego trabajando en las tierras con estos calorones, este ya anda en el vicio. No me extrañaría ahora que también se drogara.

 

El niño solamente lloraba, estaba triste porque su padre había dudado de el. Su madre logro separarlos y lo llevo a su habitación para protegerlo de su padre, cierro la puerta y se dirigió con su esposo, quien ya esta sentado en una poltrona de piel que estaba en la cochera. El hombre seguía enfurecido, Doña Engracia trataba de calmarlo y de que este entrara en razón.

 

En verano además de que arrecia el calor, hay muchos bobitos y moscos, así que la señora saco el abanico de pedestal para que estos se espantaran con el aire. Ya no decía nada, solo veía a su esposo indignada por el maltrato a su hijo menor. Ella estaba segura de la inocencia de este.

 

En cambio Teodoro y Anselmo estaban muy quitados de la pena, haciendo cuanta maldad podían a la gente del pueblo. _¿Viste al bato como se fue?, comenta el menor. Y el otro expresa una gran risa burlona mientras sigue tomando su cerveza.

_Ya me aburrí de estar aquí, como que todo esta demasiado tranquilo. Dijo el mayor, Vamos anque la Lupe. Los dos se empiezan a reír a carcajadas. ¡Fierro! Le contesta el otro.

 

Caminando por la calle trasera de su casa, vieron a una jovencita como de 13 años. Era rubia, medio delgada, con el cabello largo y lacio, tenia los ojos grandes, color miel. Ambos voltearon a verse. Teodoro expreso de inmediato: _¡A la bestia!, que buena esta la morrita. Los dos se miraron como si sus ideas traspasaran sus mentes. La vigilaron por un buen rato sin que ella los viera hasta que al fin se aparto de su casa para dirigirse a otro lado.

Caminaron detrás de ella por varias cuadras sin que esta lo percatara. Cuando tuvieron la oportunidad se acercaron lentamente para agarrarla. Le taparon la boca mientras ella forcejeaba, pero más no recordó, cuando reacciono después de estar un tiempo tirada en un baldío ya era muy noche.

 

Los papás de la muchacha estaban angustiados, ella jamás había llegado tarde a su casa, era una buena chica. ¿a dónde se iría?. Empezaron a buscarla con los vecinos pero no estaba con nadie.

 

Ella no quiso irse de ese lugar, porque aunque le daba miedo, mas le daba irse caminando por las calles tan solitarias y oscuras, con el temor de que otra vez esos sujetos se toparan con ella y le volvieran a hacer lo mismo.

 

Su padre decidió irla a buscar junto con otros señores, ambos se pusieron de acuerdo para buscarla por diferentes rumbos. Hasta que a las tres de la mañana, Don Justino la encontró.

 

_¿Pero Que te paso muchacha?, ¿por qué estas así?. Ella solamente lloraba, no le podía decir por pudor que había sido ultrajada por esos muchachos. Con cuidado el hombre la subió al caballo, no volvió a expresar nada en el camino, presintió que algo serio le había ocurrido a la pequeña.

 

Cuando llegaron a su casa, sus padres rápidamente la abrazaron, ella lloraba desconsoladamente. Corrió a su cuarto, se quito la ropa, se metió a bañar y esas imágenes de aquellos sinvergüenzas aparecían una y otra vez en su mente.

Su mamá supo de inmediato que le había pasado por la reacción que esta tuvo y lloro como loca por tal tragedia, entonces el padre dijo: _Lo voy a matar. Cuando sepa quien fue... lo voy a matar.

 

Don Justino no intento controlar al hombre, entendía su indignación perfectamente y el coraje que este sentía. _No te preocupes, si lo vas a matar, yo y todos los vecinos te ayudaremos. Se despidió porque ya era muy tarde y  su esposa iba a estar angustiada por su tardanza, quedando formalmente en ir al siguiente día para ver que habían averiguado.

 

En la noche cuando Don Justino se había marchado, Doña Engracia ya había tenido el tiempo suficiente para platicar con su hijo. El niño le había contado toda la verdad y ella estaba indignada.

 

Cuando llego Don Justino, su esposa estaba dormida en el sillón de la sala, lo había estado esperando pero el sueño la venció. El fue por una cobija y una almohada porque a pesar de que era tiempo de verano, se aproximaba una tormenta y el aire estaba frío. La tapo y se fue a dormir.

 

A la mañana siguiente, llega enfurecido el papá de la joven, para decirle a Don Justino quienes habían ultrajado violentamente a su hija. Fue cuando Engracia le comento  a su esposo lo que le habían hecho a su hijo. Entonces la rabia de ambos padres pudo mas que todo y fueron en busca de estos mal nacidos.

 

Don Mateo Acosta ya estaba por salir, se acomodaba su sombrero para subirse a su troca cuando ambos señores lo detuvieron. _¿Dónde están tus hijos?. Su voz denotaba rabia, por tal motivo el hombre les contesto de la misma manera: _¿Para que los quieren?. Tus hijos violaron a mi hija, contesto el señor. Y Don Justino agrego: _Y emborracharon a mi hijo.

 

El Señor Acosta protegía a capa y espada a sus retoños, eran igual que él por eso no veía sus errores, se sentía orgulloso de lo que había creado.

Mire, si mis hijos le hicieron eso a su hija es porque ella los provoco de seguro, y no creo que hayan emborrachado a su hijo, si mis hijos ni toman.

 

Entonces lo toman de la camisa, dándole tremendo puñetazo. Don Mateo intenta sacar su pistola, pero por mas que forcejea no lo logra, la furia de ambos señores era mucho mayor que su fuerza física.

 

Al escuchar tal alboroto salen los vecinos; algunos por curiosidad y otros porque se espantaron. También salen los hijos de Mateo y su esposa. _¿Qué sucede? Preguntan ambos muchachos. Pues aquí estos señores los andan acusando de que abusaron de sus hijos. _Pero, ¿cómo?. Contesta la mujer. Mis hijos son incapaces de eso. Ellos solo ponen una mirada de inocencia para que sus padres no duden ni un momento de ellos.

 

Ante tal depresión, la joven decidió quitarse la vida mientras su madre se daba un baño. Cuando esta lo percato se quiso volver loca, salió desesperada a buscar a su esposo quien seguía alegando con Don Mateo y su familia, pero primero agarro una pistola que tenia guardada, la cual había pertenecido a su padre. Le puso los cartuchos y enfurecida se dirigió a la casa de los Acosta. De lejos ya veía como estaba la situación, contemplaba el cinismo de los chicos y más coraje le daba. Habían abusado de su única hija y ahora... ya la había perdido para siempre. No tenia nada que perder.

 

Ya estando mas cerca, grita fuertemente: _Teodoro y Anselmo. Ambos jóvenes voltean a ver a la mujer que les llama, no tuvieron oportunidad de reaccionar porque esta les disparo de inmediato quitándoles la vida instantáneamente.

Don Mateo trato de incorporarse para sacar su arma, mientras que la madre corrió hacia la mujer para echársele encima. Es entonces cuando Don Justino le quita la pistola a Mateo y le dispara también.

 

La mujer no sabia que hacer, volteaba turbada hacia todos lados. Su familia había desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. Camino sin decir una palabra mas por las calles empolvadas del pueblo, con su rostro pálido y sus ojos llorosos desapareció sin rumbo fijo.

 

 

 

 

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