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Cuento en El blog de marubuelna

12/09/2013

Cuento: ¡Qué vivan los niños héroes!

AUTOR: MARU BUELNA

Otro día más… las calles están cerradas, las personas caminan muchas horas por las principales avenidas de la ciudad reclamando sobre: La Reforma Energética, la Reforma Educativa y no se cuántas cosas más. Los automovilistas están molestos porque tienen que buscar por donde irse para llegar a tiempo a su trabajo. ¡La ciudad es un caos!. Yo no se...

17/10/2012

LA PRIMERA CITA: MARU BUELNA

 

Estabas ahí parado, frente a mi… tu presencia me imponía, llegue a pensar que eras quien en esos momentos dirigía la empresa. No teníamos contacto aún, sólo había dos miradas que se cruzaban en el pasillo. Conocías algo de mi trabajo, sabías algo de mí por esa página Web y yo… nada de ti.

Y llegó el momento de estar más cerca, ¡qué horror!, descubrí...

22/05/2009

El regalo de la abuela: Maru Buelna

 

Bajó las escaleras lentamente, sus piernas no le respondían como antes, la agilidad se había esfumado y su cabello entre cano la hacían parecer más vieja. Amalia contaba ya con 78 años.

 

            Ahora la anciana mujer se quejaba de enfermedades y dolencias que sólo conocía en voz de su madre, las manos le dolían al igual que el lumbago y se fatigaba en el menor...

20/05/2009

Cuento de Edgar Allan Poe

En la consideración de las facultades e impulsos de los prima mobilia del alma humana los frenólogos han olvidado una tendencia que, aunque evidentemente existe como un sentimiento radical, primitivo, irreductible, los moralistas que los precedieron también habían pasado por alto. Con la perfecta arrogancia de la razón, todos la hemos pasado por alto. Hemos permitido que su existencia escapara...

12/05/2009

Delirando: Maru Buelna

Y aquì estoy: entre estas cuatro paredes todo el dìa; limpiando sin nada màs que hacer. La comida temprano, de nuevo la cena... pero esta vez dejo el cùmulo de platos en el fregadero. Me dirijo a mi habitaciòn sin prender en ese momento el televisor; contemplo que en esa pantalla se logran percibir unas imagenes borrosas. podrìa ser la sombra de la persiana o del closet, pero luego son...

7/04/2009

La prueba de amor: Mary Shelley

La prueba de amor[Cuento. Texto completo]

Mary Shelley

Después de conseguir el permiso de la priora para salir unas horas, Angeline, interna en el convento de Santa Anna, en la pequeña ciudad lombarda de Este, se puso en camino para hacer una visita. La joven vestía con sencillez y buen gusto; su faziola le cubría la cabeza y los hombros, y bajo ella brillaban sus grandes...

7/04/2009

Un artista del hambre: Frank Kafka

Un artista del hambre[Cuento. Texto completo]

Franz Kafka

En los últimos decenios, el interés por los ayunadores ha disminuido muchísimo. Antes era un buen negocio organizar grandes exhibiciones de este género como espectáculo independiente, cosa que hoy, en cambio, es imposible del todo. Eran otros los tiempos. Entonces, toda la ciudad se ocupaba del ayunador; aumentaba...

5/04/2009

EL BARRIL AMONTILLADO: Edgar Allan Poe

El barril de amontillado[Cuento. Texto completo]

Edgar Allan Poe

Lo mejor que pude había soportado las mil injurias de Fortunato. Pero cuando llegó el insulto, juré vengarme. Ustedes, que conocen tan bien la naturaleza de mi carácter, no llegarán a suponer, no obstante, que pronunciara la menor palabra con respecto a mi propósito. A la larga, yo sería vengado. Este era...

5/04/2009

TENGA PARA QUE SE ENTRETENGA: Jose Emilio Pacheco

Estimado señor: Le envío el informe confidencial que me pidió. Incluyo un recibo por mis honorarios. Le ruego se sirva cubrirlos mediante cheque o giro postal. Confío en que el precio de mis servicios le parezca justo. El informe salió más largo y detallado de lo que en un principio supuse. Tuve que redactarlo varias veces para lograr cierta claridad ante lo difícil y aun lo increíble del...

31/03/2009

LOS ASESINOS DE HEMINGWAY: Michel Garcia

Dos hombres entraron a la casa, y esperaron en silencio a que los ojos se les acostumbraran a la oscuridad. Hemingway dormía al fondo, y afuera una fina lluvia empañaba los cristales. Acariciaban en sus manos revólveres, y al cabo de un rato pudieron caminar por entre los muebles, en la penumbra. Oían como un rumor los ronquidos del viejo Hem. -¿Qué hacemos ahora?-preguntó uno. -No sé...