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HECHICERIA

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HECHICERÍA

AUTOR: MARU BUELNA

Quique se acostó en su cama esperando que mamá le leyera como cada noche un cuento antes de dormir, pero esta vez no sucedió así, porque en cuanto ésta abrió el libro de lecturas fue absorbida como por arte de magia adentro del libro.

El pequeño se asustó mucho y aventó el libro lo más lejos que pudo mientras su madre gritaba: noooo… bueno, tremendo golpe se llevó mientras fue lanzada de esa forma tan abrupta por el niño.

_Madre, corrió Quique a recoger el libro. ¿Te has hecho daño?.

_No, dijo la madre. Esa es mi moderna forma de levantarme de la cama. Claro que me he hecho daño, ¿no ves como me lanzaste? ¡cual pelota de beisbol!.

_Perdón mami, pero me asusta que estés dentro de ese cuento.

_A mí también me asusta; hay brujas, duendes, ogros, fantasmas y ¡suegras maléficas!. Mira, tengo una idea. Ve hojeando el libro para que me vayas cuidando y yo trataré de salir de aquí. Iré hacia esa casita de chocolate.

_Mamá, recuerda que no puedes comer nada de ahí, tratarán de engordarte para comerte. ¡cuidado!.

Demasiado tarde, la madre no pudo resistirse a saborear esos deliciosos chocolates que estaban  en la puerta.

De repente una anciana abrió la puerta mientras preguntaba:

_¿Qué se le ofrece?.

Mi madre es inteligencia pura. Sabrá que responderle, sabrá que responderle… pensaba Quique mientras observaba lo que hacía su mamá.

_Mire señora, veo que tiene muchos dulces en su casa, eso me dice que usted se dedica a la fabricación de estos.

_Exacto, contestó la anciana.

_Entonces me pregunto, ¿Cuenta con algún permiso para venderlos?. Soy de Hacienda y veo que tiene un negocio el cual no ha dado de alta, eso puede ser muy grave. Pero, podemos llegar a algún tipo de arreglo para evitar la multa. ¡Qué le parece si me deja llevarme algunos de estos dulces! Y prometo no decir nada.

_Mamá, ¿para qué quieres los dulces?. Bueno, no olvides traer bombones y gomitas para Mariana y a mí de esos dulces que están en la ventana. Comentó entusiasmado Quique mientras se saboreaba los dulces.

_ ¿Escucho?, se oyó como la voz de un niño. Dijo la anciana.

_No, no escuché. A de ser su conciencia por tener dulces sin declararlos en Hacienda.  Me retiro, que pase un buen día. Finalizó mi mamá mientras se retiraba del lugar.

Siguió su camino rumbo al sur mientras se topaba con una niña que traía una caperuza roja. Al ver que traía un poco de pan y comida mi madre trató de negociar ya que para ese momento moría de hambre.

_Hola niña, veo que traes comida y sé que es para tu abuelita.

_Así es Señora, pero aún falta mucho para llegar a su casa. Contestó caperucita.

Y fue cuando mi mamá se molestó:

_No sé como dejan que una niña ande sola por el bosque con todos los peligros que hay. Además un lobo te va a estar esperando en la casa de tu abuelita fingiendo ser ella y tratará de comerte. ¡No es de Dios!. Mira pequeña, te acompañaré yo me se muy bien el cuento del cual eres la protagonista. No te cobraré pero puedes compartirme un poco de tu comida y yo te compartiré de estos dulces que traigo.

Caperucita aceptó de inmediato ya que como todo niño adora los dulces.

Al llegar a casa de la abuela el lobo ya estaba preparado, pero mi mamá entró con un sartén en la mano y lo golpeó en la cabeza, sacó a la abuela del armario y liberadas del lobo se sentaron a la mesa a comer mientras la abuelita preparaba su clásico chocolate con leche.

Mi mamá se despidió indicándole a la abuela que no dejara que la niña se regresara sola a su casa y siguió caminando, fue entonces cuando se topó con una enorme planta y vio como un niño trepaba sobre sus ramas. Entonces le grito:

_¡Hey!, niño. Niñoooo, te hablo a ti. ¡Bájate de inmediato! ¿Qué no ves que te puedes caer?. ¡Vaya!, estos padres de hoy en día ya no cuidan a sus hijos.

El niño no obedeció a mi mamá así que lo dejó ahí. En su andar de pronto escuchó una vocecita que le decía:

_Cuidado, no me vaya a pisar.

Ella agregó: _Disculpa Chapulín, es que cuando te tomas tu pastilla de chiquitolina te haces tan chiquito que es imposible verte.

_Este, mmm, no soy chapulín, me llamo Pulgarcito y mi papá me abandonó en el bosque junto a mis hermanos porque no tenía dinero.

_¡Es el colmo!, ¿cómo vas a abandonar a tus hijos porque no tienes dinero?. Vamos a tu casa, ya me escucharán tus padres.

Cuando llegaron los padres salieron con cara de tristeza y mi mamá empezó a aplaudir:

_Bravo, son perfectos actores. Puedo estar segura que se la estaban pasando de maravilla sin sus hijos que les estorbaban. Entremos.

_No, dijo el padre. Los niños no pueden pasar si no traen el dinero que le robaron al ogro.

_¿Robar?, ¿les enseña a sus hijos a robar?. Mi madre, empujo al hombre y entro junto con los niños a la casa. _Miren, como sufrían sus padres. ¿Qué vemos aquí?. Pizza, refresco, ¿alitas?. ¡Vaya!, lo bueno es que se mueren de hambre…

Pulgarcito un poco triste expresó:

_¡cómo pudieron comer pizza sin nosotros!.

Entonces el padre confesó:

_Con ustedes no podemos comprar pizza, son muy glotones y no nos dejan nada.

Mi mamá prefirió retirarse de ese lugar antes de que el enojo se apoderara de ella y se convirtiera en Hulk.

Ya desesperada me llamó:

_Quique, ¿ves alguna forma de salir de aquí?.

Fue entonces que se me ocurrió que fuera a buscar a la bruja, era la única que la podía sacar de ahí:

_Mamá, una pista, una pista. Ahí está una flecha que dirige a la casa de la bruja. Síguela.

_Ok, ok, la seguiré.

Y así mientras seguía la flecha, mi madre seguía comiendo de sus chocolates. Por eso le grité:

_No te los vayas a acabar.

Llegó a la casa de la bruja y le pidió que la sacara del libro. Afortunadamente la encontró de buen humor y amablemente hizo: hechicería para conceder su deseo.

Así fue como mi madre regresó a casa. Mariana dijo:

_¡Al fin!, ¿todavía traes bombones y gomitas?.

Yo rápido agarré mis dulces y los escondí antes de que mi hermana se los acabara.

Mi madre no quiso volver a saber de ese libro de cuentos y lo lanzó por la ventana dándole justamente a Doña Clotis quien odiaba a nuestro gato Pinky. Así felices y contentos matamos dos pájaros de un tiro liberándonos de la vieja y gruñona de Doña Clotis y deshacernos del libro.

 

 

 

 

 

 

 

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