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MONÓLOGO: EL VELO POR: MARU BUELNA

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Voz en off: (Presentación) Soy Roberto Boker y en 1889 llegué a Veracruz en un barco proveniente de Francia. Tenía tan sólo 22 años. Después de la muerte de mis padres no tuve más que mis sueños y uno de ellos era poner una ferretería en la capital de México para hacer dinero y no volver a perder a alguien por falta de él; así que compré un pequeño local en las calles de Coliseo Viejo y Espíritu Santo, a la que nombre Ferretería la Casa Boker. No tenía más dinero, así que tenía que dormir ahí. (Tono cansado) Después de unos días de acomodar, pintar y limpiar, me sentía cansado y sin ánimos de continuar. Todo me parecía gris, hasta el día que la vi pasar… (Animado) Tenía los ojos más bonitos que jamás había visto; su sonrisa era enmarcada por unos labios color durazno, como los de una niña. No podía dejar de verla, pasaba todos los días por la mañana a la misma hora, después supe que era porque iba a misa. Siempre la acompañaba una mujer mayor que parecía su perro guardián, no dejaba que nadie se le acercara. (Entra Sara emocionada)
Sara: (Se escucha una voz)… sí, mamá; sólo estoy agotada. Me recostaré, ya verás que más tarde me sentiré mejor (Cierra la puerta) Él me miró. Tiene una sonrisa hermosa y unos ojos encantadores (Suspira) Creo que estoy enamorada. Ya hacía días que había notado que me miraba, pero no había podido sonreírle. Ya saben, mi mamá es muy estricta… Aunque, creo que me ruboricé de inmediato. Sentí latir mi corazón tan rápido. ¡Qué pena! ¿Qué habrá pensado de mi?… No, quizás sólo era cortesía… ¿Cómo un buen mozo podría poner sus ojos en mí?... Estoy segura que mañana lo veré y le sonreiré a escondidas de mi tía. Si él me sonríe, no tendré duda de que se interesa en mí o quizás, él también este enamorado… si es así, le escribiré unas líneas… ¡No! Mejor un poema… ¡Sí! Un poema. Creo que hay uno perfecto en este libro… (Silencio, toma un libro y lee un momento y su actitud cambia como si estuviera molesta) En sus cartas me decía que me amaba solo a mí. Sus besos parecían no mentirme. Eran tan tiernos y dulces; pero ahora… no entiendo por qué cada vez sus visitas son más cortas. Me siento insegura. Creo que lo estoy perdiendo. He visto cómo en el baile de los Escandón, las chicas se le acercaban y de cómo le sonreían… parecía ignorarme. Algunos le han comentado a mi padre que frecuenta mucho el teatro y que se le ha visto platicar con las mujeres que hacen variedad ahí. Mi madre me ha dicho que no debo de temer, que son mujeres que sólo lo buscan por su dinero y que no son señoritas decentes. Que ningún caballero las tomaría en serio… pero no es miedo lo que tengo. Sino celos ¡Sí! Unos celos tan grandes, que creo me van a volver loca… (Reflexiona) No, no puedo desconfiar. Él es mi prometido y en muy poco tiempo será mi marido, y será todo mío y yo de él… Quizás sólo estoy alterada por la boda… está tan próxima… Y todavía no he terminado mi velo. Yo misma lo estoy bordando ¿quieren verlo?… (Cambio y mira el reloj) Por estar contándoles mis cosas he olvidado que hoy lo voy a ver. (Se arregla) Será nuestro primer ensayo de boda, tengo que verme bella. Me pondré mi vestido nuevo, mi tía dice que es un poco escandaloso… aunque yo creo que es perfecto, es como salido de un cuento de Edgar Allan Poe.
¿Saben? Creo que Roberto y yo somos el uno para el otro. Nos gustan los misterios que hay más allá de la vida; los cementerios nos parece un enigma… Hemos planeado viajar a Francia después de la boda para conocer el lugar donde están sus padres… Es tan complaciente conmigo. Ha dejado que amueble nuestra casa a mi gusto. Siempre es tan amoroso, caballeroso… y cuando me habla de amor y de cómo será nuestra vida juntos, me hace quererlo más y anhelar el momento de nuestra boda… Estoy tan emocionada. Siento como si no pudiera controlar mi respiración y mi corazón quisiera salírseme del pecho (Termina de vestirse, cambia de actitud) Sé que debí confiar en él, pero después de que pospuso la boda por un viaje de negocios que duraría dos meses, comencé a desconfiar de su amor. A su regreso, empecé a buscarlo con el más mínimo pretexto para poder verlo. A veces iba a misa dos o tres veces al día. Lo veía y siempre decía estar muy ocupado para visitarme. Cuando llegaba a venir, lo sentía tan incómodo como si sus ganas de irse fueran más fuertes que el amor que me juraba antes del viaje y eso me atormentaba… Por eso fingía estar enferma de cualquier cosa que se me ocurriera, mis padres estaban muy preocupados por mi salud, pero no me importaba nada, era capaz de todo mientras él se quedara unos minutos más… Hasta que poco a poco, no me quedaron más enfermedades a las cuales recurrir y él comenzó a notar el engaño… fue cuando todo cambió. Dejó de visitarme… (Se sienta y comienza a llorar, después de un momento comienza a romper el velo) Es un mentiroso, ¿cómo pudo hacerme algo así?... Le pretexté a mi tía que iría a comprar unos encajes, pero pasé a su tienda y fue cuando… ¡Es tan vergonzoso! Siento como si me faltara la respiración. Mi corazón se detuvo por un momento al verlo tan sonriente, hablándole al oído a esa mujer, y ella parecía tan complacida al verme sufrir… Sentí la mirada de todos. Sólo pensé en llegar a casa… Quisiera morir ahora mismo. ¿Qué acaso no le he demostrado que lo amo?... Él tan sólo me dejó de amar (Vuelve a llorar, después de un rato se restablece). Y fue cuando decidí terminar con este tormento… Sí, sí es lo que están pensando. ¿Qué? ¿Acaso ustedes no lo harían? ¿No acabarían con un dolor tan grande? Todas las mujeres lo han sufrido alguna vez por un engaño, y han cometido los peores errores… Y yo los cometí. (Recoge el velo y comienza a zurcirlo) Sé que no fue la mejor manera, pero volvió. Vino a decirme que me amaba y que quería casarse conmigo; que tan sólo había sido un error y que estaba arrepentido; que jamás me cambiaría por una mujer así; que yo era el amor de su vida… Entonces su actitud cambió: era más tierno, más dedicado… Mientras mi recuperación, me leía y me visitaba todos los día. Todo parecía como un mal sueño. Mis anhelos se harían realidad… pero duro tan poco mi felicidad (Reflexiona) Todo se desvaneció cuando apareció ella… Es mi prima que llegó de Francia y no puedo dejarla sola, es la única familia que me queda, me dijo. Y volvió a alejarse con pretexto de atenderla. Cuando me visitaba, ella siempre lo acompañaba. Yo trataba de ser atenta y hasta la convertí en mi amiga por darle gusto. Ya casi no pasábamos tiempo a solas, siempre estaba con nosotros… Siempre. Yo sentía algo. Mi corazón sospechaba que algo estaba pasando; algo que no podía describir, como un presentimiento, pero aún así, no hice caso a los rumores que empezaron a correr ¿Cómo, si era su prima? No quería escuchar. Quería confiar en él… ¡Confiaba en él! Por eso hacia todo para demostrarle que lo amaba. (Toma los muñecos de la mesa y los empieza a apretar, los va rompiendo mientras dice el dialogo) Pero parecía que nada lo satisfacía. Tuve que cambiar los muebles de la casa al estilo Art Nouveau (Imitando a la prima) “Es la última moda en Francia”. Y a él le emocionaba que todos vieran su caudal. Como ellos parecían apreciarse tanto… (Imitando a la prima) “Yo les bordaré la ropa de cama, será mi regalo de bodas”. Pero parecía nunca terminar. Después, Roberto me pidió que cambiáramos la fecha de la boda (Imitando a la prima) “Me parece más romántico en otoño”. Parecía que todo el tiempo estaba de acuerdo con las opiniones de “su única familia”… y eso me molestaba sobre manera, tan solo escuchar su voz me era tan irritante. (Rompe los muñecos con ira) Por dios… ¿Qué fue lo que hice? Les juro que no quería hacerlo, pero ellos me obligaron. ¿Qué podía hacer? Yo solo quería sorprender a Roberto. Por la tarde llegó el cuadro de Alfons Mucha, lo llevé a nuestra casa. Todo era perfecto. Eso significaba que por fin podríamos casarnos. Era la mujer más feliz. De pronto, escuché una voz y luego unas risas. Era una risa tan detestable, que no podía ser más que la de ella. Sí, de ella. Su risa estremecía mi cabeza. No podía pensar. Subí las escaleras quedamente. En cada escalón deseaba que no fuera él. La puerta estaba cerrada. Me acerqué lentamente y lo que escuché fue…. Eso mato mis ilusiones. Todo el amor que le tenía se desvaneció… No pensé… Tomé el arma que yacía en el estudio. Él mismo la había limpiado y cargado… Nunca imaginó que seria destinada para ese momento. (Ríe) Me mintieron, se reían de mí, mientras tenían sus amoríos. ¡Qué tonta!… ¿Saben cómo se siente el engaño después de haber estado tan enamorada? Estaba muerta por dentro. Quería terminar con todo ¿Qué? ¿Acaso no tenía motivos? ¿Acaso ellos no me habían matado ya? ¿No harías lo mismo? Se burlaron ¿Cómo les podría decir a todos que no me casaría? ¿Qué respondería cuando me preguntaran los motivos? Todos sabrían que tenían razón, que era una ilusa al pensar que se casaría conmigo ¿Qué más podía hacer? (Se escuchan dos disparos)…Solté el arma y salí. Corrí entre la lluvia. Mis lágrimas se confundían con cada gota… no estaba arrepentida… lo volvería hacer. Cuando llegué a casa, todo estaba en silencio. sentía coraje, dolor, ganas de castigar a todo aquel que engañara el corazón de una mujer, no había otra salida… (Reflexión) Tengo que huir, escapar de esta vergüenza. Perdí todo lo que tenía (Busca la soga, cuando la encuentra la va enrollando) ¿Saben? No tengo miedo. Ya no sentiré dolor. No volveré a amar y no se reirán más… (Suena la música de fondo) ¿Escuchan?... Hay tanta obscuridad… (Vemos salir a Sara, la música sube y después de un momento se escucha un grito)
(Vemos pasear a Sara mientras recita el siguiente poema)
Te tuve tan cerca
Y quise morderte los labios,
Mientras, lentamente,
Me hundía en tu piel.
Deseaba en ese momento
Deshacerte en el delirio.
Que gritaras, que sudaras
Y después, llenarme de placer.

Pero mi corazón no ama.
Sólo busca venganza y tú
Eres parte de este juego cruel.
En donde mi alma vaga
Por ese hombre que me fue infiel.

Así que, desde ahora, jugaré contigo.
Te aniquilaré de satisfacción
Para después dejarte herido,
Porque, mi querido amigo,
Esta mujer no tiene salvaciòn.

Ven.
No temas.
Te voy a llevar al infierno mismo,
Para que quemes tu cuerpo conmigo
Y grites con el mayor dolor.

Yo soy Sara: un espíritu vivo,
Que con los hombres no tiene
La mayor compasión.

(Sara pasea entre el público, se sienta al lado de un hombre le dice al oído algo, se levanta y él la sigue. Salen)
Sara: Es tan fácil engañar a los hombres…
FIN
Escrito por: Maru Buelna

 

 

 

 

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