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MONÓLOGO: Y VIVIERON FELICES ¿PARA SIEMPRE?

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MONÓLOGO: Y VIVIERON FELICES ¿PARA SIEMPRE?

¡Ahí está!, puede sonar a una frase trillada pero él “es el amor de mi vida”, lo supe desde que lo vi esa primera vez. Ese día mi corazón palpitó a mil por hora, sentí mil mariposas revoloteando en mi estómago. No puedo ocultar que lo amo porque todas las canciones que escucho me hacen imaginar que está conmigo.
Él es el hombre más maravilloso y el que se haya cruzado por mi vida fue lo mejor que me pudo haber pasado, nunca creí amar tanto y espero ser feliz para siempre con el hombre que elegí para que fuera mi marido.
Él hace de cada día una nueva historia llena de romance y aventura, es tan perfecto… creo que ningún hombre es como él: diferente, divertido, culto. Para mi amor no existe la palabra: imposible y eso me hace sentirme segura y protegida. Soy tan afortunada porque aunque no tuvimos esa boda en la que yo saliera vestida de blanco, ni la luna de miel con la que muchas mujeres sueñan; cada minuto que estamos juntos desbordamos ese amor interminable.
Creo que el tiempo ha fortalecido este amor, quiero que nos hagamos viejos con el mismo sentimiento que nos unió. Porque nos amamos, nos amamos mucho.
¿Nos amamos en verdad?, ¿hace cuánto tiempo que no me dice que me ama?. Duerme a mi lado y sólo me da la espalda, ¡siempre está cansado!. ¡Qué diferente es todo!, los detalles se han ido desvaneciendo al igual que los ¡te quiero!. No sé en qué momento la historia cambió tan radicalmente, ahora desconozco si aún me sigue viendo linda; no me besa, no me llama y a veces ni me mira a los ojos. ¿Qué está pasando?.
Odio parecer su esclava; eso de ser la “ama de casa” es un título falso para disfrazar que las mujeres al momento de casarnos nos convertimos en la sirvienta del hogar. Nunca descansamos y toda la obligación cae en nosotras, ¿cuándo vamos a poder tener un minuto libre?. Dejé de hacer muchas cosas por estar a su lado, mis sueños se esfumaron por vivir este amor que ahora desconozco si existe. No sé si haya valido la pena mi sacrificio, tiene tantas manías que a veces desearía mandarlo a la Patagonia sin boleto de regreso, pero no puedo, ya hay una saturación de hombres por allá.
Me veo en el espejo y lo que observo no me gusta; mi rostro está cansado, triste, las arrugas hicieron su aparición al igual que las canas, mi cuerpo ha perdido su figura, las piernas sufren de cansancio y las enfermedades llegan complicando más mi existencia. Quizás esta nueva persona no le gusta, la juventud va diciendo adiós a esa mujer que en su momento fue bella… le dediqué mis mejores tiempos y ahora creo que de un momento a otro me cambiará por otra persona mucho menor.

No entiendo como al paso de los años el amor en lugar de fortalecerse se va desvaneciendo; nos cansamos de estar juntos y despertar todos los días con los mismos reproches o la misma persona. Lo que antes admirábamos lo dejamos en el olvido y recordamos diariamente aquello que tanto nos molesta.
Desperté decidida a dejarlo, me cansaron los pleitos y los insultos que desde hace algún tiempo nos decimos, pareciera que estamos en guerra, nadie da su brazo a torcer y solamente esperamos a ganar la batalla de ver quien lastima más.
Nuestros hijos nos mantienen viviendo bajo el mismo techo pero es injusto que sean testigos de nuestros constantes reclamos. Aún así busco otra forma de vida que me haga volver a vivir. Quisiera encontrar unos brazos que me protejan de esta soledad que estoy viviendo, alguien que me haga sentir querida y que se alegre con verme… Y sólo aparece él, con esa misma facha de fastidio, con esa mirada de odio que esconde miles de reclamos.

Son las 8:00 de la noche; no llega y empiezo a preocuparme, siempre ha sido puntual. Tal vez el tráfico hizo de las suyas esta noche. Debería de estar contenta ante su retraso… una llamada confirma mi estado de angustia.
No he dejado de llorar, pudimos haber solucionado todos nuestros conflictos pero el orgullo y la falta de comunicación nos lo impidieron. Esta mañana ni siquiera nos miramos a la cara, nadie dijo nada, llegué a pensar en las horas tranquilas que pasaría ante su ausencia desconociendo que esas horas serían a partir de esta fecha: incontables. ¿De qué me lamento si ya no lo tengo a mi lado?, no lo sé. ¡De que me engaño!, estoy desconsolada, no quiero mirar los archivos que guarda mi mente de todos esos pleitos que tuvimos. Desconozco cuando cambió todo y porque dejamos que esa situación llegara al límite.
Pudimos haber hecho tanto para volvernos a amar como esa primera tarde en donde sentí mil mariposas revoloteando mi estómago, cuando sentí que mi corazón se saldría de mi pecho cuando me tomó de la mano para darme ese primer beso. No hicimos nada y lo que diga a partir de ahora ya no valdrá la pena ni para limpiar mi conciencia.
Esa tumba fría me indica que no hay mañana, que este orgullo me quitó al hombre que amaba antes de que muriera.

 

 

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