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PINKY VA EN BUSCA DE AMIGOS. Autor: Maru Buelna

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Miauuuu Miauuu Miau, ¡hola! Te estoy hablando. ¡Hey!Te estoy hablando… si, a ti. ¿cómo te llamas?. Yo me llamo “Pinky”. ¿y tú?. (espera respuesta) ¿Quieres ser mi amigo?.
No, refunfuñó Marley . A mí no me gustan los gatos. Soy un perro, ¿entiendes?, a los perros no nos gustan los gatos.
¡Qué lástima! A mí no me importa que seas un perro. Si fuéramos amigos podríamos hacer cosas muy divertidas como: trepar árboles, atrapar pelotas y brincar en las camas de nuestros dueños. Mira gatita, creo que hablo en japonés porque no me entiendes. Soy un perro y los perros no hacemos nada de esas cosas que mencionas. Bueno si no haces eso, dime qué haces para poder hacerlo juntos, creo que nada puede ser impedimento para que podamos ser amigos.
Mmmm bueno yo: corro, juego con mis dueños, atrapo discos y la verdad me gusta dormir mucho y precisamente en estos momentos es mi hora de la siesta, así que puedes irte de una vez porque me estás interrumpiendooooo.
Eres muy aburrido, mejor me voy, ya verás que muy pronto me voy a encontrar con otro animalito más divertido que tú. ¡Adiós! Miauuu.
Pinky siguió caminando mientras jugaba con cuanta cosa se encontraba en el camino. De pronto vio a lo lejos a alguien que se encontraba cerca de un tambo de basura. Cuando se acercó vio que era un ratón. Pinky muy emocionada se acercó. Miauuu. ¡Ho…! El ratón volteo de inmediato a verla y salió asustado que ni lo dejó terminar con lo que iba a decir.
Pinky no entendía porque ese roedor le tenía miedo, si sólo quería saludarlo. Un poco desanimada siguió caminando para ver si tenía más suerte con otro animalito.
No sé porque nadie quiere ser mi amigo, si soy una buena gatita. En verdad. (Llorando) Miauuu, Miauuu Miauuu.
En ese momento una palomita escuchó a Pinky y conmovida por los llantos de esta se le acercó. ¿Por qué lloras linda gatita?. Ella volteo a ver quien le hablaba y al descubrir que se trataba de una vieja paloma le explicó porque se sentía tan triste.
Bien dicen que los mayores siempre hablan con experiencia y le explico a Pinky el porqué el perro y el ratón no quisieron ser sus amigos.
Mira gatita, los perros y los gatos por décadas han peleado, son enemigos. Y los ratones… pues son el alimento de los gatos. Tú eres un gato, no lo olvides, así que es difícil de que quieran ser tus amigos.
La pequeña minina respondió: a mí no me importa eso, yo no pelearía con el perro, ni me comería al ratón. Sólo quería jugar con ellos.
Si nena, pero ellos no lo entienden, expresó la paloma. Pinky la abrazó con cariño y siguió caminando mientras trepaba una que otra vez las cercas. Y fue cuando vio a un gato blanco, pequeño, de grandes ojos azules que estaba recostado a la entrada de una casa. Ella muy emocionada se acercó. Él es como yo, él si va a querer ser mi amigo, estoy segura.
Hola, ¿cómo te llamas? Yo me llamo Pinky, ¿quisieras jugar conmigo?.
No, respondió el gato. ¿Qué no ves que soy un gato fino?, no juego con gatos corrientes como tú.
Ella muy molesta le respondió: En primer lugar, no soy un gato. Soy g-a-t-i-t-a, gatita. En segundo lugar no soy corriente, mis papitos me han enseñado a respetar a los demás y a tratar a todos los animalitos por igual pero al parecer no todos los papás educan a sus hijos con principios así que mejor me voy, no le voy a dar mi amistad a un animalito que no vale la pena. Adiós.
El gato sólo se quedó observando a la gatita que salió indignada. Mmmm mujeres, siempre se enojan por todo. Y volvió a cerrar los ojos para proseguir con su siesta.
Mientras tanto en la casa del perro… No sé porqué no me puedo sacar a esa gatita de la cabeza, creo que fui muy grosero. Pero si jugaba con ella los demás perros de la colonia se iban a burlar de mí porque los perros no juegan con los gatos. Bueno, tengo que olvidar ese asunto, ya pasó, ya nada puedo hacer aunque no puedo negar que me siento triste, no tengo amigos y a veces me aburro aquí solito. Marley agachó su cabeza mientras se tiraba al suelo con total desgano.
Pero la mala suerte no terminaba para Pinky, cuando llegó a su casa vio como sus padres eran separados por unos señores que se los llevaban. Por más que intentó alcanzarlos no lo logró. La gatita no sabía lo que estaba pasando, estaba completamente asustada, ¿qué sería de ella?, apenas tenía 9 meses, era pequeña y ahora tendría que vivir sola. Así que decidió entrar a la casa la cual se encontraba sin un solo mueble. Intrigada buscó por todas partes a los dueños pero no los encontró. Miles de preguntas pasaban por su cabeza pero ninguna de ellas tenía respuesta, así que decidió preguntar:
_¿Sabes a dónde se fueron todos? _¿Tú sabes porque no hay muebles en casa?. _¿Sabes a dónde se llevaron a mis papitos?.
La vieja paloma seguía muy de cerca los pasos de Pinky, así que fue testigo de todo lo que le ocurría. Al verla tan triste fue a buscar al perro. Hola Marley, ¿cómo estás?. El cachorro volteaba para todas partes buscando de dónde salía esa voz…
_Creo que ya me volví loco, ya hasta estoy escuchando voces. Ohhh mi conciencia no me deja. No debí ser malo con la gatita.
La paloma se paró en el suelo y se puso frente a la cara del perro. Marley, soy yo quien te está hablando. Me llamo Anacleta Pancleta y soy una paloma de la paz. Estoy aquí porque tengo algo muy importante que decirte. ¿Te acuerdas de Pinky?.
_Si, respondió rápidamente el perro. ¿Qué le pasó?, ¿dónde está?.
Anacleta Pancleta le explicó con detalle todo lo que le había ocurrido a la pequeña gatita y le comentó que se encontraba completamente sola y triste.
Marley rápidamente se levantó y dijo: _Voy a buscarla, ella no merece lo que le está pasando. Juntos encontraremos a sus papás.
Así que decidido llegó al lugar donde se encontraba la minina a la vez que expresó: _Guau, guau, guaaaau. ¡hola! Te estoy hablando. ¡Hey!, te estoy hablando… sí, a ti. ¿Cómo te llamas?. Yo me llamo Marley. ¿y tú?. ¿Quieres ser mi amiga?.
Pinky recordó que esa fue la forma en cómo llegó saludando al perro y en tono de broma dijo: No, a mí no me gustan los perros.
¡Qué lástima! A mí no me importa que seas una gata y podemos ser amigos.
Pinky sonrió y se acercó a Marley. _¿En serio?.
_Si, contestó el perro. Además te voy a ayudar a encontrar a tus papás. Tengo un buen olfato.
Al siguiente día Pinky y Marley se dieron a la tarea de buscar a los papás de la gatita y en menos de dos días los encontraron.
_Gracias perrito, gracias por devolvernos a mi hija. No sé como pagártelo.
¬¬¬_No se preocupe señora, Pinky ya me pagó esto con su amistad.
Desde ese momento ambos se convirtieron en los mejores amigos quitando el viejo dicho: “Son como perros y gatos” o “los perros y los gatos son enemigos”. Porque desde ahora eran inseparables.

 

 

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