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El regalo de la abuela: Maru Buelna

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Bajó las escaleras lentamente, sus piernas no le respondían como antes, la agilidad se había esfumado y su cabello entre cano la hacían parecer más vieja. Amalia contaba ya con 78 años.

 

            Ahora la anciana mujer se quejaba de enfermedades y dolencias que sólo conocía en voz de su madre, las manos le dolían al igual que el lumbago y se fatigaba en el menor descuido.

 

            Para Amalia el tiempo pasó muy deprisa, como si hubiera despertado de un sueño... sus niños se volvieron adultos y habían formado su propia vida.

 

 

            El timbre sonaba constantemente, ella sabía que era Mario quien traía como todos los días a Sebastián, su hijo que tenía 8 años de edad. Su pequeño nieto se quedaría a pesar de sus berrinches y suplicas... la mujer sentía mucho dolor cuando esto sucedía, ya que pensaba que el chico sentía cierta repugnancia hacia ella.

 

            Pensaba cada vez que esto pasaba: ¡Ay mi niño!, si hubieras visto a tu abuela de joven, lo hermosa que era y los miles de pretendientes que tenia... y ahora aquí, estoy ante ti como la mujer más abominable de la tierra.

 

            La mujer tomo al pequeño entre sus brazos para que sintiera el amor que le profesaba, pero el pequeño se resistía a besarla en la mejilla y la empujaba con sus pequeñas y regordetas manos.

 

            _Es muy grosero con todos mamá, no creas que nada mas es contigo. Explicaba Mario tratando de justificar el comportamiento de su hijo y para que su madre no se sintiera mal ante ese rechazo. Me tengo que ir, mañana tengo mucho trabajo,  regreso por él en la tarde, espero que no te dé mucha lata, comentaba mientras caminaba hacia la puerta de cedro acabada con el tiempo.

 

            Cuando su papá se iba, Sebastián miraba hacia todos lados... veía esa casa inmensa, con adornos anticuados. En ella se sentía un frío inexplicable a pesar del calor que se sentía afuera. Observaba esa fotografía de su abuelo, como de los años 20`s, con un gesto serio y esa mirada que lo seguía de un lado a otro. Cuando esto ocurría se escondía en una de las habitaciones llorando porque estaría solo mientras su abuela dormía en un cuarto muy alejado al suyo.

 

            Nadie había hablado de la muerte de su abuelo, Sebastián solo sabia que este había muerto hace muchos años pero no tenia una idea precisa del año en que ocurrió ese acontecimiento ni la forma en que murió. Por eso presentía que algo extraño pasaba en esa casa y que el alma de Don Manuel seguía ahí, deambulando por cada una de las húmedas y frías habitaciones.

 

            Cuando tenia ganas de ir al baño lo hacia apresuradamente, dejaba la puerta abierta pasa salir de inmediato en caso de que algo pasara y de nuevo corría hacia su habitación dejando siempre la luz encendida para poder dormir.

 

            La abuela siempre se levantaba temprano, caminaba por el inmenso patio mientras regaba sus plantas. Después se metía al cuarto de servicio y ahí permanecía por un largo periodo de tiempo. En cambio Sebastián se levantaba hasta media mañana. Pero ese día el pequeño despertó temprano, busco a su abuela y vio como esta se metió a ese cuarto de servicio, la siguió sin que se diera cuenta y trepo por la barda para poder ver a través de una rendija que es lo que ella hacia ahí.

 

            La vieja mujer guardaba ahí sus miles de recuerdos: vestidos, fotografías, accesorios... los contemplaba mientras sus lagrimas salían de sus ojos. El chiquillo quedo sorprendido, como si hubiera encontrado un gran tesoro.

 

            Inmediatamente le entro la curiosidad por saber que había en la vida de su abuela, quería conocer como había sido de joven, deseaba a través de eso que había encontrado, trasladarse al pasado y conocer mas a su abuela.

 

            Aproximadamente duraron ahí una hora. La abuela salió del cuarto con los ojos llorosos y Sebastián deseaba abrazarla para calmar su tristeza, pero seguía escondido ya que su idea era entrar a ese cuarto sin que la mujer se diera cuenta para ver todo eso que tenia ahí guardado.

 

            Volvió esta a sus plantas para concluir con su trabajo mientras el pequeño corría hacia la casa escondiéndose entre los árboles para que la mujer no lo viera.

 

            Al tiempo salió como si se acabara de despertar. _Abuela, abuela, ¿dónde estas?.

-Aquí chiquillo, en el patio. Ahorita te voy a hacer tu desayuno. El pequeño se acerco y se paro enseguida de la anciana. -Abuela, ¿no te da miedo vivir aquí sola?. La mujer volteo a verlo desconcertada. _¿Por qué me lo preguntas?. _Es que la casa es muy grande para una sola persona. La abuela suspiro al momento que le respondía: _Antes era muy pequeña... y se envolvió entre sus recuerdos mientras el niño la observaba sin pronunciar ni una sola palabra.

 

           

            Ya era mediodía, como era costumbre, la abuela tomaba su siesta habitual. Era el momento perfecto para que Sebastián pudiera ir a ese cuarto y revisar las cosas que estaban ahí. Muy despacio salió de la casa con rumbo al patio, cuando llego al cuarto de servicio vio que este estaba cerrado, regreso a la casa para buscar la llave y así entrar; pero su intento fue fallido, tendría que esperar a que su abuela volviera para ver ahora si, donde dejaba la llave.

 

            Mario llego por su hijo a media tarde, en cuanto salió del trabajo.

 

Desafortunadamente él sé tenia que hacer cargo del pequeño ya que su esposa había fallecido el día del parto.

 

 Entro a la casa, pero en cuando el pequeño escucho que había llegado su padre se hizo el dormido para quedarse otra noche. Doña Amalia le dijo que lo dejara, que ella le iba a explicar que había ido por el pero como estaba dormido no lo quisieron despertar. _Haber si no se enoja, contesto Mario, ya ves como anda... (suspiró). _La madre abrazo a su hijo. _Ha sido muy difícil ¿verdad?. _Si madre, pero que le voy a hacer, así fueron las cosas. _Sabes que te puedes quedar aquí respondió ella. _No madre, ya hiciste mucho por nosotros, y haces también mucho por cuidar a veces a Sebastián, no quiero ser una carga para ti, ahora mereces un descanso.

La madre lo abrazo y le dio un beso en la frente, cuídate, mañana nos vemos.

 

Sebastián había logrado su objetivo: quedarse un dia mas en la casa de la abuela, hasta el miedo que sentia por el lugar se esfumo por arte de magia, era mas la inquietud por explorar el lugar que sus temores nocturnos.

 

A la mañana siguiente se despertó mas temprano que de costumbre, seguía cada movimiento de su abuela sin que ella lo percatara. Otra vez había entrado en aquel cuarto, ahora si se fijaría en donde dejaba las llaves. Aburrido por el tiempo, el sueño le estaba ganando, hasta que de repente escucho el ruido de una puerta que se cerraba... la abuela había salido. La siguió sigilosamente, hasta que descubrió que las llaves estaban guardadas en un alhajero blanco en forma de corazón, que estaban en su dormitorio.

 

Se le hizo eterno que llegara el mediodía, la curiosidad era muy fuerte. Su abuela aun permanecía despierta, ya eran las dos de la tarde; hasta que por fin escucho aquellas palabras angelicales: _bueno mi niño, me voy a recostar un rato, no te vayas a salir, ponte a ver la televisión.

 

¡Bravo!, al fin podría entrar a ese cuarto. Ya que vio que su abuela dormía súbitamente, entro a la habitación y saco las llaves, corrió al patio y rápido abrió la puerta de acero. Había mucho polvo, olía a encerrado. Afortunadamente había luz porque estaba muy oscuro. Cuando la prendió Sebastián quedo perplejo ante tantas cosas, no sabia cual agarrar primero porque todas le llamaban la atención, había: periodicos, ropa, accesorios, fotos e inclusive juguetes que por deducción supo que eran de sus tios y tambièn de su papà.

 

Agarro un coche de acero despintado por el uso, lo acaricio suavemente como si de esa forma pudiera leer en el su pasado. Se imagino a su padre a los ocho años, con unos shorts azules, una camisa a cuadros, unos zapatos cafés y sus calcetines blancos jugando en la terrecería con ese cochecito de color rojo. ¿Cuánto habrá jugado con él?, ¿Qué historias inventaría mientras lo rodaba?. Dejo el objeto a un lado de el mientras arrastraba una caja de cartón que pertenecía a una televisión ya en desuso. Ahí había unas cartas pero no las leyó... siguió buscando y encontró unas fotos de una guapa mujer con un acompañante, tenia algo escrito al reverso: te dejo esta foto como recuerdo de nuestro amor, si no regreso quiero que sepas que te ame demasiado, firma: Manuel.

 

¿Quién era Manuel? Nunca pregunto el nombre de su abuelo, era el momento preciso por indagar quien había sido y por que se fue. Siguió buscando mas cosas, en una caja de aluminio estaban unas hojas ya amarillas por lo viejas, escritas con tinta y a mano escrita, las tomo y las guardo en el bolsillo de su pantalón bien dobladas. De pronto se acordó que llevaba ahí mucho tiempo, cuando vio su reloj eran las cinco de la tarde, a lo mejor su abuela estaba despierta buscándolo desesperadamente. Se asomo por la ventana y al no verla por ahí, salió del cuarto cerrando la puerta con mucho cuidado.

 

Cuando Sebastián entro a la casa vio a su papá angustiado hablando por teléfono y a su abuela a un lado de el. Al verlo solo pronuncio unas palabras con su interlocutor y colgó enfadado. _¿Se puede saber donde estabas?, tu abuela lleva dos horas buscándote por todos lados, tuvo que llamarme por que no aparecías. Sebastián se quedaba callado por temor a que lo regañaran. Entonces la abuela intervino: _Haber mijo, me tenias muy preocupada, donde andabas, te dije que no te salieras, que te quedaras viendo el televisor.

 

El niño solo agacho la cabeza avergonzado por lo que hizo pero seguía sin poder pronunciar ninguna palabra aunque lo intentara, tenia miedo de la reacción de su padre pero sobre todo de su abuela por indagar en sus pertenencias.

 

_¿No me vas a decir donde andabas?, reclamo fuerte su padre mientras le iba a dar una bofetada. Su madre sujeto a tiempo su mano para evitar que lo hiciera diciendo: _Sebastián ha de tener una justificación.

 

El niño subió lentamente su cara tratando de ver a los ojos de ambos adultos y confesarles lo que había hecho. _Se que me van a regañar por lo que hice, pero no fue con mala intención, en verdad... Su padre trato de calmarse, se sentó en el viejo sillón color mostaza, lo jalo hacia el tomándolo suavemente de sus brazos y le dijo: _Haber dime, prometo tratar de comprenderte.

 

Sebastián confeso que un día antes vio como su abuela entro a un cuarto, que se asomo por una rendija y vio que tenia muchas cosas ahí que le llamaron la atención, que espero a que se durmiera para tomar las llaves y entrar. Que todo ese tiempo estuvo ahí viendo todo lo que estaba en el lugar.

 

La abuela se sorprendió demasiado. _Pero hijo, si tu me hubieras dicho que querías entrar a ese cuarto y que te enseñara lo que tenia ahí guardado gustosa te lo habría enseñado, no tuviste que haberlo hecho a escondidas. _¿En verdad abuela?. _Claro, a todos nos gusta que nos cuenten historias. _Entonces... ¿me puedes decir quien era Manuel?. _Siéntate...

 

El niño se sentó en el suelo para escuchar todo lo que pudieran contarle del pasado. _Manuel era tu abuelo, el era un gran escritor pero desafortunadamente tuvo que salir del país porque lo acusaban de pertenecer al partido de la izquierda. La muerte le llego al año de haberse ido, murió de un infarto. Desafortunadamente no lo pudieron trasladar a nuestro país por algunos papeleos y nosotros tampoco pudimos ir porque no teníamos dinero suficiente, tus tíos y tu papá aun eran pequeños, yo tenia que trabajar para mantenerlos. Su padre se agacho porque se le escaparon unas lagrimas al momento de escuchar esa historia, recordaba que difícil fue para ellos él haber perdido a su padre.

 

_Entonces... ¿los poemas que estaban en una caja de aluminio, él los escribió?. _¿Cuál caja de aluminio?. _Si abuela, había una caja de aluminio adentro de otra caja, aquí tengo esos escritos, me los llevaba para ver si alguien podía decirme lo que estaba escrito, como yo no entiendo esa letra, tenia curiosidad por saber que era lo que decía ahí.

 

_Haber... expreso su abuela. Se puso sus lentes de aumento, y reviso cuidadosamente cada una de las hojas, eran unos poemas que había escrito su marido y que habían sido registrados. Al reverso estaba un anexo: Amalia, si algún día llegaran estos poemas a publicarse, lo que se recaude de ellos será para ti, se que la muerte pronto llegara, la estoy sintiendo, perdona que te deje pero no quiero que sufras por mi muerte, el doctor me dijo que tengo cáncer pulmonar, solo me da unos meses de vida. No quiero que me veas como me voy acabando con esta enfermedad, te quiero mucho. Manuel.

 

Los tres quedaron perplejos de asombro, ¿cómo era posible que toda su vida vivieran con una falsa idea de la realidad? Amalia no perdonaba que su esposo no le hubiera avisado de su enfermedad, ella hubiera estado con él hasta el ultimo momento. Su hijo lloraba del desconcierto y su nieto no sabia que hacer por el dolor que les había causado ante su insistencia de saber mas de su abuelo.

 

Amalia se paro, serenamente se dirigió a su habitación y cerro la puerta con llave, no quería ser interrumpida por nadie. Mario se paro del amplio sillón, se dirigió a la puerta de salida y solo le hizo señas a Sebastián de que agarrara sus cosas para que se fueran.

 

En el camino nadie dijo nada, el pequeño se sentía avergonzado por lo que hizo.

 

Cuando llegaron a su casa, su padre se encerró en su habitación y Sebastián se sentó en la esquina de su cama, se quedo pensativo por todo lo que había provocado, quería arreglar la situación de cualquier modo. Se le ocurrió buscar en Internet los poemas de su abuelo, a lo mejor si habían sido publicados...

 

Duro veinte minutos aproximadamente cuando encontró un libro que había sido editado en el país donde había estado su abuelo antes de morir. Ahí venían algunos poemas del libro y eran exactamente los que ellos tenían. Pero... ¿cómo es que antes no se habían enterado?.

 

Cuando salió su papá de la habitación, ya mas calmado. Sebastián se atrevió a decirle lo que habían encontrado. El padre intrigado, vio que era verdad, que se habían publicado esos poemas y que nadie se los dijo.

 

Decidieron investigar con la editorial, duraron varios días para recibir la respuesta que requerían, hasta que al fin supieron la respuesta. Un señor se hacia llamar así, recibía las regalías del libro fingiendo ser "Manuel". Ese hombre se quiso pasar de vivo. Ahora tendrían que interponer una demanda sin que su madre lo supiera para no preocuparla.

 

Esta demanda duro aproximadamente dos años, pero al fin pudieron comprobar que era su padre el autor del libro.

 

En todo ese tiempo la depresión se iba apoderando de Amalia; mal comía, no se quería ni arreglar y ya no deseaba mas visitas. Sebastián  había entrado de nuevo a clases por eso su padre no había tenido la necesidad de dejarlo ahí. Aun así Mario tenia contacto con su madre para estar tranquilo que estaba mas o menos estable.

 

Llego el diez de mayo. Mario preparo un gran festejo para que vinieran todos sus hermanos quienes Vivian fuera de la ciudad, su madre se entusiasmo porque hace mucho que no veía a sus otros hijos ni a sus nietos. Ese día la peinaron, le hicieron manicura, le compraron un vestido de noche y unos zapatos de acuerdo a su edad. Se veía radiante...

 

Toda la familia estaba reunida y contenta por volverse a ver después de tanto tiempo. A media noche Mario toma el micrófono para hacer una felicitación publica a su madre:

 

Mamá, tu has estado con nosotros en las buenas y en las malas, luchaste porque tus hijos salieran adelante a pesar de la adversidad. Nunca nos demostraste tristeza, nunca decaíste, nunca te vimos que la vida te venciera... siempre fuiste fuerte. Hoy solo falta que este aquí presente una persona, pero créanme, nada es imposible porque aunque no este físicamente, nos ha mandado algo el día de hoy.

 

Todos se quedaron sorprendidos e intrigados por ese comentario. Mario llamo a su madre y le entrego un regalo, sus hijos estaban desesperados por conocer el contenido de este, se les hacia larga la espera ya que su madre desenvolvía el regalo cuidadosamente. Cuando vio que era un libro no entendía el por que era tan importante, hasta que leyó el titulo y al autor de este. Sus ojos se abrieron sorprendidos, no podía creer que tuviera en sus manos el libro de su esposo, jamás supo cuando lo escribió ni en donde. Ese había sido el regalo más grandioso que hubiera podido recibir. No era solo un libro; ahí estaba el alma, la vida, las alegrías y las tristezas de su marido. Lo tomo fuertemente entre sus manos llevándolos a su pecho comprimiéndolo fuertemente diciendo en su mente: ¡Lo logramos!.

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Comentarios El regalo de la abuela: Maru Buelna

mmmmmmm  yo estoy bbuscando el cuento
las images y el cuento....

atte:marina.gpe18@hotmail.com
marina gpe marina gpe 13/07/2009 a las 21:14
Hola Marina, ¿te gustarìa que el cuento tuviera imagenes?, es lo que entendì. Si es asi lo tomarè en cuenta. Besos.

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